domingo, 30 de enero de 2011

Sigue La Guillotine

ULTIMA ENTREGA
La tarde avanza larga y en el balcón la dama,
Ajustadas sus lentes (13), se ensueña en una rama
De palmera. Las luces. la lejana bahía,
En ese siesnoés se entrega al nocheydía
De decidir si aún puede irse a la cama
O no. El entretanto se sucede en la alcoba
Donde Thierry sospecha, superado su hipo,
Excepto que, se dice, aparezca otro tipo.
Rodineau, que no sabe ver algo en las mujeres,
Dice, y no se le oye, algo de sus quehaceres
y esto y lo otro sin pensarlo un minuto.
Pero en ese momento por su mente atraviesa
Una idea fugaz que de manera aviesa
lo transforma de pronto en apenas un bruto.
Se incorpora, se acerca al balcón y la fría
Mirada de Fredez, de azul pintado el ojo
Y el labio de carmines y de aburrimiento,
Limpiando sus vaines con un pañuelo flojo,
Desleido en los dedos, añade a ese momento
Un temblor que la vista no advierte pero el viento
Modela en su muñeca que iluminan diamantes,
Piedras que fingen, son, los agudos guisantes
Cotidianos por ser como tapas del día
Y que no significan, que en la cafetería
Se ofrecen como hundidos, vencidos hierofantes.

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